El post anterior me llevó a reflexionar acerca de las letras de ciertas canciones. Si analizas muchas de ellas, o sólo con fijarse un poco, te partes…o se te ponen los pelos de punta. Empiezo con uno de los más famosos e inquietantes ejemplos: El emigrante, tema compuesto por Juanito Valderrama tras un concierto en Ponferrada, en un hotel de la localidad leonesa. El comienzo es aterrador:
Tengo que hacer un rosario
con tus dientes de marfil…
¡Hostias con la amenaza! Me imagino a la aludida diciendo: ¿y por qué tienes que hacer un rosario con mis dientes?, ¿es que estás mal de la puta cabeza o qué te pasa? En qué estaría pensando el bueno de Juanito. Esto es, por lo menos, denunciable.
Otro caso para no dormir lo encontramos en la canción Con su blanca palidez, cuyo estribillo versa así:
Oye Dios mío, Señor y juez,
quiero verla cerca de mí,
otra vez muy cerca mío
con su blanca palidez.
Un profanador de tumbas, vamos. ¿Y a esto lo llaman romanticismo? Bécquer y Espronceda seguro que sí. Yo lo llamo necrofilia. ¡Pero cuánto colgado hay suelto! Después claro, pasa lo que pasa.
Más casos. Una reciente y discotequera:
A ella le gusta la gasolina,
dale más gasolina…
El genio que compuso esta canción tuvo una carrera de lo más fugaz. Dos semanas después de salir el disco a la venta, apareció en Gente tras haber chamuscado a su ex-pareja sentimental a lo bonzo. Ahora es vecino de celda de un tal Julián, novio de una tal Isabel. ¡Pedazo hijo de puta! Que le corten los huevos. Y a Julián también.
Sigo con un caso inofensivo, pero que denota una falta total de personalidad. Todos la conocéis:
Sin ti no soy nada,
una gota de lluvia mojando mi cara.
Mi mundo es pequeño
y mi corazón pedacitos de hielo…
Esta chica necesita ir a un psicólogo. Pobrecita, qué falta de autoestima. Yo, personalmente, la mandaría a freir espárragos.
- No te parezca mal, si quieres siempre me tendrás como amigo, pero yo estoy buscando a alguien con más sangre en las venas, alguien que sea “algo” sin mí. Espero que entiendas mi postura - le diría.
La siguiente canción, de Joaquín Sabina, hace campaña a favor del suicidio colectivo:
Y morirme contigo si te matas
y matarme contigo si te mueres,
porque el amor cuando no muere mata,
porque amores que matan nunca mueren.
Está bien la cosa. Menos mal que este señor está considerado muy buen letrista. Esto me deja tranquilo. De todos modos, que alguien llame a lo policía porque algo terrible va a ocurrir de un momento a otro, ya que la canción sigue así:
Yo no quiero juntar para mañana,
no me pidas llegar a fin de mes…
Otro que necesita un psicólogo o mejor, un psiquiatra.
Por supuesto que también hay letras optimistas, como la de esta canción de una chica que empezó su carrera como una interesante cantautora para acabar convirtiéndose en un maniquí forrado de dólares, que si sigue con esta dinámica no tardará en hacerse pupita en las caderas. Aquí sugiere que a veces es mejor dejarse estar y no operarse (mensaje aplaudible, en mi opinión).
Suerte que mis pechos sean pequeños
y nos los confundas con montañas.
Suerte que tiene ella de ser amiga de Gabriel García Márquez, que es casi como juntar a un pingüino y a un loro.
Por último, citar un ejemplo del lado más empalagoso de la tostada, donde destacan grupos del “estilo” de La oreja de Van Gogh (tan desgraciado pintor que no sólo sufrió una vida de penurias, sino que, para colmo de colmos, más de un siglo después de muerto le siguen haciendo este tipo de putadillas). He aquí una joya, al azar, escupida por sus letristas:
Te juro que a nadie le he vuelto a decir
que tenemos el récord del mundo en querernos.
Pues qué guay, ¿no? Es super que mantegas el secretito. La buena noticia es que la cantante deja el grupo. La mala es que lo deja para empezar una carrera en solitario.
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