Una casa cualquiera, en una calle cualquiera, que vio nacer a un artista único. Sin embargo, en Bristol, no sé por qué razón, parece como que se intenta olvidar que el actor de Con la muerte en los talones vino al mundo aquí. A lo mejor es para confirmar eso que se dice de que nadie es profeta en su tierra.
Y aparte de molar mil, tiene su idioma propio, el koruño. El pasado mes de julio dediqué un día entero a patearme sus calles, con tanta suerte que no sólo conté con un precioso día soleado, sino que además coincidí con la celebración de la feria medieval. Es esta otra ciudad que, vaya adonde vaya, llevo siempre en el corazón.
Vivir na Coruña que bonito é,
andar de parranda e dormir de pé,
e dormir de pé, e dormir de pé.
Vivir na Coruña que bonito é.
En el barrio de St. Pauls (Bristol) se celebra cada año un siempre muy concurrido carnaval. En esta edición, por problemas con la licencia, se pospuso del 7 de julio al 15 de septiembre. Y allí estuve. Riadas de gente, nubes de humo de todo tipo, muchos puestos donde comer a un módico precio, varios escenarios desplegando música afrocaribeña y, por supuesto, disfraces. Aunque yo sólo me quedé tres horitas, harto ya de tanto desfase, es un carnaval de lo más recomendable.
Como todo carnaval que se precie, cuenta con su desfile.
Segunda entrega grabada en este idílico Parque Nacional inglés, donde podréis ver cómo nos jugamos la vida escalando una montaña (arriesgadísima tarea sobre todo si llevas un trípode en la mano)
y más imágenes de Windermere. Meter los pies en un lago, a veces es gloria bendita.
Su muralla es majestuosa, de eso no hay duda. Pena que pegadas a esta desluzcan tantas casas en ruinas. Pero el horizonte está plagado de grúas, señal inequívoca del considerable crecimiento en el que se encuentra la urbe. Recientemente, aparte de por la lograda condición, por todos conocida, de Patrimonio de la Humanidad, nuevos descubrimientos arqueológicos han hecho crecer, aún más si cabe, la leyenda histórica de Lugo. Mi visita se produjo en un día de mucho calor y, en cierto modo, tuve que ir de incógnito. Por nada del mundo debía enterarse de mi presencia alguien que allí vive y a quién va dedicado el presente vídeo. Quería darle una sorpresa a una de los personas más íntegras que conozco y cuyo único defecto por mí confirmado es ser madridista. ¡Es que no se puede tener un corazón tan blanco!
La Muralla de Lugo, pétreo tesoro de la cosmopolita antigua capital de Gallaecia.